lunes, 12 de septiembre de 2016

LOS ATAQUES MEDIÁTICOS A LA GESTION DE CFK, VAN PERDIENDO FUERZA.

Estimada Presidenta, recientemente se ha publicado un muy importante trabajo en una revista de primer impacto en salud pública, que muestra la mejora durante el período 2005-2013 en la salud y equidad en nuestros niños. Este estudio es una demostración incontrastable de un hecho de máximo impacto para nuestra salud pública. Lamentablemente no fue comunicado por ningún medio masivo, que sí tergiversan informes de dudosa factura.
Nicolás Kreplak y Daniel Gollan
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EVOLUCION DE LA DESNUTRICION EN LA DECADA GANADA 
La realidad se puede tapar o se puede hacer tapa. 
Un estudio realizado por investigadores del CONICET en el cual participaron biólogos, informáticos, estadísticos y matemáticos es categórico sobre la mejora nutricional de los niños. El estudio se  encuentra publicado en un la American Journal of Public Health,[1] una de las revistas de salud pública más prestigiosas del mundo.
En la Cumbre Mundial sobre Alimentación de 1996, se acordó que existe seguridad alimentaria “cuando todas las personas tienen acceso en todo momento, ya sea físico, social, y económico, a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para cubrir sus necesidades nutricionales y las preferencias culturales para una vida sana y activa”. En esta definición se encuentran involucradas tres grandes dimensiones: disponibilidad, estabilidad y accesibilidad. La disponibilidad hace referencia a la cantidad de alimentos que existen en un país. La estabilidad hace referencia a que la seguridad alimentaria debe ser una situación que ocurra de forma permanente y sostenible. La accesibilidad se refiere a la capacidad de los individuos para adquirir la cantidad y calidad adecuada de alimentos. Esta situación se ve fuertemente condicionada por los ingresos, los precios de los alimentos y el funcionamiento del mercado. En Argentina se cumplen todas las condiciones menos el acceso equitativo a los alimentos. A pesar de existir disponibilidad y estabilidad de los mismos, el acceso es inequitativo.
El retraso en el crecimiento (baja talla) y el bajo peso (bajo peso para la edad) afectan el potencial de los niños para lograr un crecimiento y desarrollo completo, y son una de las principales formas en que la desigualdad y la inequidad se expresan. El retraso en el crecimiento es la forma más frecuente de desnutrición en el mundo y es el mejor indicador de desigualdad en salud infantil. La desnutrición influye sobre el 45% de la mortalidad infantil en menores de 5 años. Cabe señalar que la mortalidad es la “punta del iceberg”, ya que si bien es un indicador fundamental, es más aguda y extrema. El retraso en el crecimiento durante la gestación y la infancia (primeros años) es considerado uno de los principales problemas de salud pública por afectar de forma penetrante y continua el potencial de desarrollo de los individuos y las sociedades.

Sucesivos programas creados durante los gobiernos de Néstor y Cristina colaboraron en la reducción de la mortalidad infantil y patologías asociadas. Distintas estrategias de fortalecimiento de la atención primaria de la salud consolidaron un modelo con mayor equidad en el acceso a la salud. Sinérgicamente, la inscripción de los beneficiarios a Asignación Universal por Hijo (AUH) y Asignación Universal por Embarazo (AE) en el Programa SUMAR era un requisito obligatorio, creando así un círculo virtuoso incentivando la demanda, brindando cobertura efectiva y fortaleciendo la accesibilidad a la población más vulnerable. La información generada desde el primer nivel de atención se convirtieron en un insumo de evaluación de impacto e investigación, sumando un importante valor agregado para transformar la información en conocimiento.


Este estudio analizó resultados e impacto sobre el crecimiento y desarrollo infantil del fortalecimiento de  la estrategia de atención primaria. Entre los años 2005 y 2013, más de 13 millones de registros provenientes de controles de salud correspondientes a más de 1,4 millones de niños menores de 5 años fueron sistemáticamente registrados en más de 6500 centros de salud en todo el territorio nacional. Esto proporcionó un gran volumen de información, con amplia cobertura de las poblaciones más vulnerables y con altísima calidad y valor científico. Un análisis sin demasiados precedentes en la región y el mundo. A partir de esta información, aplicando modelos estadísticos y epidemiológicos se estimó la evolución de la prevalencia del retraso en el crecimiento y el bajo peso en los niños con cobertura pública de salud.
Como principales resultados se observó que la prevalencia de la retraso en el crecimiento (baja talla) se redujo un 45% (de 20,6% a 11,3%), donde disminuyó la prevalencia del retraso en el crecimiento en casi 5 de cada 10 niños (Figura 1). Por otro lado, la prevalencia de bajo peso disminuyó un 38% (del 4% al 2,5%) (Figura 2). Se observaron tendencias similares decrecientes en las 5 regiones del país. En términos absolutos esto significa por ejemplo el aumento de 1 cm en la estatura de los niños y niñas de 3 años.
Además, si bien se redujo el bajo peso en las 5 regiones del país, también disminuyó la diferencia entre ellas, donde las regiones de NOA y NEA eran las más desfavorecidas (Tabla 1). La mejora en estos indicadores se observó sostenida durante todo el período y a todas las edades estudiadas.
Por todo esto es llamativa la información publicada en Clarín[2] a partir del observatorio de la Deuda Social Argentina que marca que hay un 20% de la población infantil con “inseguridad alimentaria”, que si bien no es lo mismo que la desnutrición en el artículo lo asume como sinónimos. No sólo no especifica la metodología del cálculo sino que además en el texto de la nota reconoce que la “inseguridad alimentaria total siguió una tendencia general positiva en los últimos cinco años (2010-2015)”.
En síntesis, la importantísima disminución de la desnutrición en nuestro país a los niveles históricos más bajos no sólo se corrobora en los barrios sino también que está sólidamente descripta y evidenciada en las revistas científicas. Las razones de este este progreso, probablemente exceden exclusivamente a la aplicación de los programas de salud, sino que también son producto de un período de crecimiento económico y desarrollo con inclusión, que dio lugar a una fuerte disminución de los niveles de pobreza e indigencia, a una mejora en la distribución funcional del ingreso e incremento en los niveles de empleo, a mejoras en el acceso al agua potable, la higiene y el saneamiento, la incorporación de nuevas vacunas al calendario de vacunación pública gratuita, entre otras políticas implementadas en la última década.

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